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Si la inflación no es buena para un país, ¿lo contrario sí lo es?


Si hay un término que activa nuestras alarmas cuando lo escuchamos es la “inflación”. Sabemos que se trata del alza continuada de precios y que mientras más prolongada es, más afecta la economía de un país. La inflación hace que, ganando el mismo dinero, las personas adquieran cada vez menos bienes y servicios, afectando su poder adquisitivo o capacidad económica.


¿Y si ocurre lo contrario?


Sin embargo, existe una situación opuesta que sucede bajo ciertas situaciones y que no suele escucharse frecuentemente: la deflación. En ese contexto la economía experimenta una caída generalizada y prolongada del nivel de los precios de bienes y servicios, usualmente durante dos semestres consecutivos. Entonces, si los precios bajan, ¿se trata de algo positivo para la economía de un país? ¿Significa esto que todos los países deberían apuntar a una deflación?

¿Es buena o mala?


A lo largo de la historia se han documentado las peores inflaciones del mundo y sus causas. Sin embargo, las deflaciones también han tenido protagonismo en la historia económica de los países. Una de las más recordadas fue la ocurrida en Estados Unidos durante la Gran Depresión, el Índice de Precios al Consumidor cayó 24% durante los años 1929 – 1933. La razón fundamental fue la reducción violenta del poder adquisitivo de las familias norteamericanas producto del derrumbe y colapso del sistema financiero.


La deflación se presenta cuando la oferta de bienes y servicios excede significativamente a la demanda de los mismos. Las empresas, por consiguiente, se ven en la necesidad de reducir los precios para mover sus inventarios y no acumular stocks. Este escenario se prolonga, generando reducciones de precios sucesivas hasta encontrar nuevamente el equilibrio.


De acuerdo a los expertos en economía, la deflación también trae otros efectos negativos a la economía. Uno de ellos se refiere al descenso de la actividad económica: como hay mucha oferta, se deja de producir o se reduce la producción, incluso despidiendo a trabajadores. Por otro lado, los consumidores también reducen la actividad económica, ya que al ver que los precios disminuyen constantemente, dejan de consumir esperando a que estos sigan bajando para tomar una decisión.


Por el lado de la demanda, quienes se quedan sin empleo dejan de adquirir bienes y servicios, lo que a su vez ocasiona que siga habiendo exceso de oferta para tan bajo consumo. De esta manera, se produce una espiral que termina dañando la economía y afectando la productividad.


“La deflación es como el colesterol”


En algunas declaraciones se ha escuchado que “la deflación es como el colesterol, puede ser buena o mala”. Pero, ¿cómo se explica esto? Nancy Lazar, cofundadora de Cornerstone Macro LP, simplifica la explicación diciendo que, si la deflación estimula el crecimiento, entonces es buena, y si lo debilita, será mala.


Para analizar la situación un poco más, revisamos las palabras del economista británico y columnista semanal de The Daily Telegraph, Roger Bootle. De acuerdo con el experto, si la deflación hace que la demanda sea débil y obliga a las empresas a reducir precios y sueldos, definitivamente la deflación es mala y es señal de debilidad en la economía. Por otro lado, Bootle afirma que, si la reducción de precios se da en las importaciones y hace que la inflación se vuelva negativa, básicamente impulsa los ingresos reales sin afectar la economía nacional, por lo tanto, esa deflación será buena.


¿Qué está pasando en Latinoamérica?


En la región se ha experimentado un panorama diferente debido a los cambios producidos por la crisis del coronavirus. En primer lugar, la inflación promedio se redujo a niveles que no se veían en muchos años, alcanzando un 2,7% en septiembre de 2020 (en comparación con el mismo mes del año anterior).


Esta reducción en la inflación no vino sola, sino acompañada de una contracción en el PBI de la región. Además, de acuerdo con los expertos, la caída de la inflación promedio no ha tenido los mismos efectos en todos los países, dado que en algunos se redujo el Índice de Precios del Consumidor (IPC) y en otros aumentaron, mostrando lo diferente que pueden ser las economías de los países, aunque pertenezcan a la misma región.


Lo que más cayó entre septiembre 2019 y septiembre 2020 fue la inflación de servicios y la inflación subyacente (este indicador excluye las variaciones de productos más volátiles como los alimentos o la energía); sin embargo, la inflación de bienes y la inflación de alimentos fueron las que más aumentaron, alcanzando un 6,9% en septiembre del año pasado.


La buena noticia es que, de acuerdo con los expertos, una baja en el nivel promedio de inflación implica que los bancos centrales de la región pueden mantener una tasa de interés baja para los créditos gran parte de 2021, permitiendo un nivel de endeudamiento menos costoso.


Definitivamente, las economías apenas empiezan a recuperarse del COVID-19 y las estrategias que usarán para lograrlo se verán durante los próximos años. Conocer un poco más acerca de estos términos nos ayudará a entender mejor el panorama económico del país y tomar mejores decisiones.




Redacción MidPoint

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